ladronadebesos
Demasiado cansada como para andar mendigando besos. Hasta la madre y además bastante harta de esperar a que llegaran, decidí dedicarme a robarlos. Pero como toda una dama, y aún siendo una ladrona, le dije: “ponte cómodo niño, no te haré daño, sólo voy a robar todos los besos que traigas encima, solamente eso”. Tuve extremo cuidado en no desvalijar todo su cuerpo, en procurar no romper con las prisas y en demorar el aprendizaje de mi pupilo en sus pupilas, viéndome a mí misma en aquellos ojos totalmente oscuros. Apoderándome indebidamente de las tentaciones de aquel hombre, beneficiándolo además con falsos deseos y placeres, obteniendo muchas ganancias de aquel placer ajeno. El azar y la red me regalaron la morada de una boca sin cautela, ahora lo sabe.
Y de pronto me encuentro sola y me pregunto, ¿mañana que haré? ¿Seguiré desnudando mis miedos y dudas?, ja ja quisiera creerme, como aquel domingo, quisiera creerme, pero tengo la boca seca. Los días llegan sin prisas para cubrirnos con sus horas, en silencio, a veces ruidosa retándome al duelo de querer tomar el teléfono y llamarle; sin pensarlo me pierdo entre las margaritas perfectas; me pierdo entre ladridos, entre rumores de gente, y estoy aquí sentada en silencio, bebiendo a sorbos. Escondida detrás de mi barra aprovechando los momentos en los que me sale la inspiración; ¡ya! este cigarro y me voy.