Vida Dorada
“Vida dorada” no aparece en los mapas, por lo pequeño que es, muy poca gente habita en ella; las personas que viven en el lugar irradian alegría de la misma manera que el Sol irradia los rayos incandescentes de calor.
Si sigues el camino que está a pie del cerro, escucharás los ruidos que hacen las aves y los animales feroces. Algunos otros animales son tan astutos que no se les escucha, no los escuchamos pero si nos fijamos muy bien detrás de la maleza, pueden aparecer ojos vidriosos y transparentes que pueden haberte estado observando en todo el trayecto sin que te hayas dado cuenta.
Al lado del camino en lo que continuas la caminata, encuentras inmensa variedad de flores, de colores inimaginables, mezclas de pétalos con formas amorfas. En Vida dorada las flores abren sus bocas y muestran sus dientes como esbozando una sonrisa, se muestran como muy contentas porque les gusta que los guardabosques, ermitaños y curiosos las acaricien con los ojos y las saluden con suspiros.
Entre todo el color verde que te rodea al subir a Vida Dorada en la punta del cerro, alcanzarás a ver la teja roja de una cabaña, si; ahí en lo alto habita el mayor de todos los habitantes, es “el sabio” o al menos los chiquillos del lugar así le dicen. Los que tienen problemas van a pedirle consejo, “el sabio” es una especie de hechicero, doctor, sacerdote y curandero.
Cuando la pansita te duele, acostumbra dar un té de polvo de estrellas que la verdad a mi me ha sentado muy bien las veces que lo he tomado. Cuando me duele el corazón, subo muy triste la vereda que me lleva a su cabaña y ¿sabes que hace? me enseña mariposas de mil colores y me regala cantos de cenzontles, enseguida siento que me cura pero me pongo más triste y lloro, pero al cabo de un momento me siento confortada y entiendo el milagro de la naturaleza, sabia y milagrosa.
continua...